Prensa Latina – México
El Día – México
2-4-83

Honduras: “Time” y “Times” coinciden en lo de las bases de somocistas.

El semanario Time, en su edición de fecha antedatada del próximo lunes (George Russell, Bernard Diederich y James Willwert, “Nicaragua’s Elusive War. A guerilla struggle raises charges of covert U. S. involvement”, 4 de abril de l983, pp. 24-25), coincide en lo fundamental con el periódico The New York times Stephen Kinzer, “At a Border Camp in Honduras, Anti-Sandinists Are Ware of Visit”, 28 de marzo de 1983, pp. 1 y 3) en lo de revelar, y sin medias tintas ni referencias ambiguas, en lo que no es un secreto ni en Washington ni en Centroamérica: Honduras continúa siendo -como lo es desde la primera mitad de l982- la base de operaciones y de lanzamiento de mercenarios de distintas nacionalidades, en contra del gobierno revolucionario de Nicaragua.
Tiene mayor ventaja en cuanto al aporte de datos específicos la crónica de Stephen Kinzer, despachada el 27 de marzo desde Matasano, Honduras, enriquecida con un mapa ad hoc:
“Nicaragüenses descriptos como insurgentes que combaten para a derrocar al gobierno sandinista de Managua parecen estar operando desde un campamento situado en los montes cercanos a este caserío próximo a la frontera. El campamento, hacia el cual un reportero fue conducido el sábado (26 de marzo) por resientes locales, está en la provincia (departamento) de El Paraíso, aproximadamente a una milla de un polvoriento camino que corre desde la fronteriza población de Cifuentes hasta la principal ciudad de la región, Danlí. Está ubicada a unas ocho millas de la frontera con Nicaragua si uno hace el recorrido a pie, de acuerdo con los que residen en las cercanías.
“La base está conformada por más de una docena de grandes tiendas de campaña, instalada cerca de una cabaña de adobe repleta de cajas de madera sin abrir, indicadoras de que su contenido es el de armas fabricadas en Estados Unidos. De acuerdo con los rótulos en inglés que ostentan las cajas, su contenido incluye granadas de fragmentación y proyectiles de morteros. La ubicación de la base es conocida por algunos soldados hondureños en el área, la que parece estar operando con su aquiescencia.
“Honduras ha negado repetidamente la existencia de tales campamentos. En una declaración de la semana pasada el Gobierno afirmó: ‘Es absolutamente falso que guerrillas antisandinistas tengan bases en Honduras o que hayan usado su territorio para lanzar ataques contra el. régimen del vecino país’. En la misma declaración, Honduras reiteró su oferta de ‘someterse a una supervisión internacional seria y abierta para demostrar que en su territorio no hay bandas armadas o facciones hostiles a cualquier país o gobierno’.
“Sin embargo, dos soldados hondureños estacionados en las cercanías, afirmaron que ellos y sus camaradas compartían ‘un sentimiento de fraternidad’ con la gente del campamento, a la que describieron como insurgentes antisandinistas, por lo que en consecuencia les ayudaban a obtener comida y otros elementos. Añadieron que ignoraban desde cuándo estaba en operaciones el campamento, pero dijeron que ya existía cuando fueron asignados al área, en diciembre (de 1982).
“Interrogado la semana pasada respecto de las acusaciones nicaragüenses de que los Estados Unidos respaldaban la lucha insurgente para derrocar al gobierno sandinista, el embajador John D. Negroponte respondió: ‘No voy a hacer comentarios sobre historias hipotéticas respecto de acusaciones de que nosotros estamos involucrados de alguna manera con los antisandinístas’. Mr. Negroponte no estaba hoy disponible para ser consultado, pero el subjefe de la misión diplomática, Shepard Lowman, dijo que él no estaba ‘en condiciones de prestarle ayuda en esa materia’. Tampoco estuvieron disponibles funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Honduras.
“Para llegar hasta el campamento desde el camino, los visitantes deben abrir un claro en la espesura y cruzar un campo donde pasta el ganado. De acuerdo con los soldados y vecinos, ese campo es de propiedad de una compañía mantequillera hondureña. Al caer la noche, el sábado, nuestro automóvil que marchaba hacia el campamento fue detenido por un guardia uniformado que portaba un rifle Ak-47 (de fabricación rusa, un arma standard fácilmente comprable en el mercado negro, del mismo modo que ciertas armas estadunidenses. Después de que el guardia fue persuadido de permitir el paso del coche, pudimos ingresar en el campamento.
“Unos quince hombres y una mujer en uniforme, junto con varios hombres y mujeres en prendas civiles, vagaban en los cercanías de la barraca que sirve como depósito de provisiones del campamento. Portaban una variedad de armas automáticas. En la entrada un arma lanzagranadas M-79 fabricada en Estados Unidos estaba apoyado sobre algunas cajas cerradas que indicaban, en idioma inglés, que contenían proyectiles de morteros.
“Los hombres fueron reacios a responder preguntas, alegando que su jefe no estaba en la base y que se había ido por una semana como mínimo. Preguntados por su nacionalidad, uno de ellos dijo: ‘Somos todos nicaragüenses’. Dijeron que no habían participado en la revolución sandinista de 1979, ni en favor de ésta ni como miembros de la Guardia Nacional que comandaba Anastasio Somoza Debayle, quien fuera después asesinado en Paraguay.
“Dentro de la barraca de adobe, se apilaban a lo alto cajas ce madera. De acuerdo con sus etiquetas, muchas de las cajas contenían 30 granadas de fragmentación cada una. Otras estaban marcadas como conteniendo proyectiles para morteros M-2 ó M_l9. Más de una docena de amplias tiendas de campaña estaban ubicadas en la vecindad. Soldados hondureños familiarizados con la región dijeron haber visitado la base en momentos en que más de 100 insurgentes acampaban en ella. El campo tiene una antena de radio y está equipado con un generador de electricidad. Los hombres se rehusaron a dar sus nombres o a revelar de dónde procedían sus equipos, armas y municiones.
“El domingo por lo mañana (27 de marzo) un reportero y un fotógrafo procuraron entrar de nuevo al campamento. En cuanto emprendieron el viaje fueron detenidos por un grupo hostil de ocho personas, tres de ellas armadas con armas automáticas y una con insignias de ‘capitán’. Ellos recriminaron a los visitantes por hallarse en el lugar y exigieron saber sus motivos. ‘Esta es un área totalmente restringida’ -dijo el hombre que parecía el capitán mientras que los otros junto a él esgrimían nerviosamente sus rifles. ‘Ustedes no deben volver jamás por este camino’. Preguntado sobre cuándo regresaría el comandante, el hombre respondió: ‘No hay ningún comandante. Aquí no hay nada’.
“Dicen los soldados hondureños de la región que han oído hablar de por lo menos otro campamento además de ese en el que estábamos, pero estaban inseguros acerca de su ubicación precisa. Agregaron que otros campamentos que funcionaron anteriormente en la zona habían desaparecido, y especularon que los hombre que los combatiendo habían ocupado se hallaban ahora combatiendo en Nicaragua.
“Refugiados nicaragüenses que combatieron en Nicaragua y se radicaron en ciudades cercanas dijeron no haber visto insurgentes antisandinistas desde que llegaron a Honduras y que no sabían de la existencia de bases insurgentes dentro de Honduras. Pero refugiados que fueron entrevistados en campos de las ciudades de Danlí y Jacaleapa, hablaron con admiración de los rebeldes que combaten en Nicaragua. “La crónica de Kinzer en el New York Times tiene, además de un mapa ilustrativo de la zona de Honduras que visitaron, una fotografía de Ken Singleton que le muestra platicando con soldados que les impidieron regresar al campamento. Sus datos, así como las referencias que en la misma semana proveyó el semanario Time, son una prueba más de la existencia de tales campamentos que no son de refugiados sino bases de comunicación y aprovisionamiento de los mercenarios que operan ya dentro de Nicaragua, con financiamiento público de la CIA y protección vergonzante del gobierno y las fuerzas armadas de Honduras.

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