IMPRESCINDIBLE CONSULTA Y ESTUDIO. Gregorio Selser: su obra sobre intervenciones extranjeras en América Latina en versión completa IV Tomos y un Vol V en DVD

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Como podemos ver en esta presentación, el tomo IV de esta magna y esencial obra de Gregorio Selser fue “perdido” de un modo muy misterioso y aún sin explicar motivos.Casualmente es en este Tomo IV donde se puede estudiar las intervenciones extranjeras en América Latina en el período histórico más cercano a nosotros: desde 1945 hasta 1990
De cualquier modo, lo que importa es el logro de las personas que dedicaron todos los esfuerzos quijotescos, como los define Stephan Hasam, a rescatar y editar estos materiales que son uno más de los frutos de la labor infatigable y muy rigurosa de Gregorio Selser y su compañera y colaboradora Marta Ventura. Selser, desde su magna obra, es por lo tanto uno de los referentes cruciales para el trabajo de superación social y política, humana, de los millones de hispanoemaricanos que han sufrido mil y una formas de subyugaciones, pero que han sido y siguen siendo , desde su enorme fortaleza como pueblos, capaces de ir superando todas las voraces y viles mezquindades que como dice Hasam, desde fuera y desde dentro, lo han intentado tantas veces. Pueblos que hoy en día siguen viviendo la incansable lucha por la libertad como un hecho cada vez más firme aunque con mucho esfuerzo pendiente de consolidar en el terreno político Y ECONÓMICO
Presentación de la Cronología de las intervenciones extranjeras de Gregorio Selser (UACM, 10 de noviembre de 2010)
Por Stephan A. Hasam
I.
Han transcurrido ya más de cuatro lustros desde que, durante los últimos meses de vida de Gregorio Selser, la socióloga María Novoa comenzara a transcribir a diskette los miles y miles de fichas de una obra, concebida en cuatro tomos, cuyo título definitivo su autor todavía no definía con exactitud. El entonces director del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades (CIIH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Pablo González, había acordado mediante contrato que su Centro proporcionara y colocara una herramienta modernísima en la vivienda de Selser, una flamante computadora de escritorio, y que financiara la trascripción de toda la obra. Selser había puesto como condición que los originales no salieran de casa; éstos los había rescatado Marta Ventura de su apartamento en Argentina en un viaje que realizó desde México, no exento de peligro, en plena dictadura de Jorge Rafael Videla.
Durante años Selser había intentado sin éxito interesar a alguna instancia que estuviera en condiciones de poder financiar, transcribir y publicar esta, su voluminosa obra mayor, en la que había trabajado durante más de treinta años. El pintor Oswaldo Guayasamín, convencido de la importancia de la obra, había ofrecido ilustrar la portada. Quizás fue el impacto causado por el bombardeo high-tech e guerra relámpago estadunidenses contra Panamá el 20 de diciembre de 1989 lo que finalmente ayudaría a empujar la balanza a favor de capturar y, eventualmente, a publicar esa obra.
Después de su muerte, el trabajo de captura de todas las fichas prosiguió bajo la supervisión de Marta Ventura, profesora de artes plásticas, compañera y colaboradora de toda la vida de Selser; la bibliotecaria y creadora del archivo hemerográfico del duo Selser-Ventura, ahora en el Centro de Memoria de Nuestra América Latina (CAMeNA), de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), conformado por más de dos millones de recortes, (todo hecho con navajas de rasurar recicladas después de las afeitadas y unas tijeras), ahora todos digitalizados para consulta en línea.
Para revisar la captura de las fichas, Marta Ventura aprendió a usar una computadora, obsequio de Carlos Payán, entonces director del diario La Jornada, convirtiéndose en una abuelita cibernética. Cuando la máquina ya no resistió el duro ritmo y la carga de trabajo a los que era sometida por Marta Ventura, Raquel Sosa, profesora-investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, le obsequió una nueva, más potente. Durante aproximadamente tres lustros, siete días a la semana, pese a problemas de salud, Marta Ventura se ocupó de la supervisión y captura de absolutamente toda la obra periodística y ensayística de Selser; cerca de cien mil folios tiposcritos, ayudada por estudiantes de servicio social de la UNAM y de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de Azcapotzalco y de Xochimilco. Pendiente queda la revisión de todo ese material capturado, así como la captura de los más de treinta libros publicados, hoy casi todos rarezas bibliográficas, y varios inéditos; entre éstos, Honduras, república alquilada, vol. II y Los otros militares.
El siguiente paso fue encontrar financiamiento y a quien estuviera dispuesto a publicar esa enorme obra (1) en proceso de captura. En particular Adriana Lombardo y Luis Monter de la Universidad Obrera de México asumieron esa búsqueda de manera extraordinariamente intensa. En la co edición del primer tomo (1994) (2), participaron el CIIH de la UNAM, la Universidad Obrera de México, la UAM-Azcapotzalco, y la Universidad de Guadalajara. Tres años después, en el segundo tomo (1997) (3), ya no participó la Universidad de Guadalajara. (Estos dos tomos aparecieron como cuadernos.) Cuatro años después, del tercer tomo (2001) (4) se retiró la UAM-Azcapotzalco. Ante las abrumadoras dificultades editoriales y económicas, fueron los propios trabajadores de la Universidad Obrera de México y el editor Luis Monter, convencidos de la relevancia histórica de la obra que, en recuerdo solidario del “Maestro Selser”, acordaron armar y publicar ese tercer tomo con sus propias manos.
Conseguir y juntar los tres tomos existentes hasta ahora es una tarea casi imposible. Su distribución es inexistente. Dos tomos están agotados y ninguno cuenta con un índice onomástico funcional. La búsqueda de una referencia en esa enorme obra es imposible, sin antes saber la fecha. Adicionalmente, quedó más que evidente que los tres tomos pioneros estaban en urgente necesidad de una revisión minuciosa, integral, idónea, auxiliada por las nuevas herramientas cibernéticas e Internet, disponibles hoy para búsqueda y cotejo de datos, fechas, lugares y nombres. Además, la publicación de la obra completa había quedado truncada, pues faltaba el cuarto tomo.
Plantear en las actuales circunstancias la publicación completa de los cuatro tomos era algo descabellado; que fuera hecha por una universidad pública naciente, estrangulada económicamente por los ataques feroces contra la educación, salud y seguridad públicas, era una locura imposible.
El poeta León Felipe, exiliado en México, escribió alguna vez que en España faltaban locos (como Don Quixote), que todo mundo estaba terriblemente cuerdo, refiriéndose a la vida social en el nacional-catolicismo y fascismo españoles. Este plantel de la UACM es la sede, al menos de dos locuras quixotescas hechas realidad vertiginosamente: CAMeNA-Archivo Selser-Ventura, consultable en línea y conformado según estándares internacionales, y la edición y publicación de la obra completa Cronología de las intervenciones extranjeras (1776-1990) de Gregorio Selser en cuatro tomos. Pero hay dos pequeñas sorpresas más: la publicación de la obra completa en un DVD (Tomo V), lo que permite la consulta y búsqueda electrónicas de cualquier dato y la puesta en venta de este tomo a bajo costo, accesible a un público interesado inmensamente amplio, incluyendo al estudiantado.
II.
Poco antes de morir, Selser ponderaba finalmente qué título ponerle a la obra que rebasa límites y no cabe estrictamente en género alguno. Era a primera vista una cronología, pero a la vez una enciclopedia. Era una enciclopedia, pero ordenada cronológicamente. Pero era algo más, pues contenía reflexiones, síntesis y contextualizaciones que no corresponden comúnmente ni a una cronología, ni a una enciclopedia. Finalmente Selser había optado por un título fácilmente aprehensible y que, en un primer plano, caracteriza la obra: Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina (1776-1990).
Está dividida en cuatro periodos históricos: desde la fundación de Estados Unidos en 1776 a la guerra contra México de 1848 (Tomo I); de 1849 a la guerra contra España de 1898 (Tomo II); de 1899 al fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 (Tomo III); de 1946, creación del orden imperial de la posguerra, hasta el fin de la Guerra Fría y la invasión contra Panamá de diciembre de 1990 (Tomo IV).
El autor dejó el Tomo IV inconcluso al morir. Ana María Sacristán y Guillermo Fernández, editora e historiador respectivamente de CAMeNA, ahora los mayores conocedores de esta obra, asumieron la desafiante tarea de rescatar y reconstruir los archivos del tomo IV que habían sido capturados años atrás, (cuyos originales siguen desaparecidos hasta el día de hoy (5) ), limpiarlos de basura cibernética y ordenarlos cronológicamente. Después, ambos investigadores se sumergieron en los tres tomos anteriores, los estudiaron a fondo, los revisaron palabra por palabra, corrigieron infinidad de erratas, elaboraron un índice exhaustivo y se adentraron en la lógica y espíritu del autor, para finalmente volver al Tomo IV y emprender su edición en sintonía con los anteriores, pero dejándolo como su autor lo dejó: incompleto.
Esta voluminosa obra sobre América Latina, cuyo leitmotiv son las intervenciones extra continentales y de Estados Unidos desde el día en que nació esta potencia hasta Blitzkrieg contra Panamá el 20 de diciembre de 1989, es única, no sólo por su alcance, sino por su originalidad. Ninguna persona estudiosa de la política internacional hemisférica podrá prescindir de ella por su riqueza enciclopédica, por la manera en que ordena y contextualiza los datos y documentos in extenso reproducidos. Es una obra de consulta invaluable, imprescindible y, a la vez, mucho más que eso: es el museo de las intervenciones extranjeras en América Latina construido paciente y meticulosamente por Selser durante más de treinta años; un museo que esclarece e invita a descubrir y rememorar, y en cada nueva visita a configurar una nueva comprensión, revisión y reinterpretación de los datos, acontecimientos históricos y su interconexión.
Al presentar el Tomo I de la Cronología póstuma de Selser en 1995, Sergio Bagú dijo que era “lo que podríamos llamar una obra magistral” que “quedará como una obra monumental de referencia; una especie de reconstrucción metódica y precisa de la ‘columna vertebral’ de la historia de los pueblos latinoamericanos […] Una obra cuyo valor histórico y cuya proyección en la formación de una conciencia continental son verdaderamente excepcionales (6) ”.
“Lo que quiso Gregorio Selser –acotó Bagú– fue reconstruir un hilo histórico que transcurre a lo largo de más de dos siglos, durante los cuales los países latinoamericanos han debido soportar la intervención directa de potencias extra continentales, europeas, y de Estados Unidos.” En la Cronología de Selser, aseveró Bagú, “está el germen preciso de una historia global de los países latinoamericanos, cuyo nexo de unión está dado en este caso por las invasiones. Aquí América Latina se presenta como una unidad […] como un conjunto de países que tienen algún nexo subterráneo muy estrecho, y una historia que tiene rasgos comunes fundamentales.”
Bagú se preguntó, “¿cómo pudo ser afrontada una obra de esta magnitud por un solo autor? Normalmente esto es una tarea de conjunto, de varios autores, de institutos completos.” Fue posible, contestó, porque Selser contaba con “un orden mental muy riguroso […] orden que tiene que estar apoyado por un archivo que uno llamaría perfecto. Sin ese archivo perfecto de los datos, este intento de cronología se podría haber transformado en un verdadero caos, porque es bastante aventurado querer reconstruir la historia de tantos países latinoamericanos desde el punto de vista de las intervenciones extranjeras a lo largo de más de un siglo, siglo y medio, dos siglos.”
Todos los libros de Selser, sustentados en una cantidad colosal de datos desenterrados por él, buscaban esclarecer el pasado y un presente, en perpetuo flujo e imposible de atrapar, para incidir en el futuro, proporcionando herramientas esclarecedoras a una lucha social emancipadora, sustentada en los derechos humanos universales. Era un proceso dinámico de análisis permanente en al menos dos planos:
1. Sólo al esclarecer el pasado (investigación histórica) era posible echar luz sobre las raíces del devenir del presente. En otras palabras, el conocimiento histórico ilustrado era la premisa sine qua non para intentar esclarecer cualquier acontecimiento en el presente. Cada evento de este acontecer que Selser tomaba para su nota periodística diaria era previamente seleccionado con ojo de historiador, y era ubicado con precisión en su contexto histórico allí mismo, en una nota periodística, o en algún ensayo.
2. Simultáneamente, ante el caos masivo del flujo de los eventos cotidianos, Selser en su función de periodista seleccionaba, identificaba, documentaba y elaboraba aquellos que, desde la perspectiva de colocarse él en la óptica de un historiador viviendo muchas décadas a futuro, pudiera encontrar relevante que hubieran quedado en el registro histórico por su relevancia esclarecedora.
Mnemósyne (Memoria) es la madre de las musas; entre ellas, Clío. Sin ellas la vida social retorna al estado salvaje. En contra de Memoria y sus hijas civilizadoras aparecieron las musas falsas, las piérides, hijas de Pieros, quienes con su canto obscurecían todo y acabaron convertidas en urracas. La negación de la memoria y del esclarecimiento conduce a una época obscura y de obscurantismo, al salvajismo.
El esclarecimiento que Selser perseguía a través de sus libros y de sus notas periodísticas diarias esclarecía y, por lo tanto, socavaba el manejo obscuro y manipulativo de interpretación de los acontecimientos cotidianos y de la historia por parte de las urracas: los medios masivos de difusión y la historiografía hegemónica obscurecedora, respectivamente, que apuntalaban –y siguen apuntalando– al imperialismo proveniente desde fuera y el interno, el hispanoamericano, consumado por los conquistadores medieval-tridentistas, de cruz y espada, y sus descendientes; el imperialismo guiado por desgnio de la Providencia y el “conquistismo” mariano con su compulsión irrefrenable de voracidad subyugadora—los dos brazos asimétricos de una pinza de salvajismo depredador insaciable en dinámica interacción (hasta hoy), que permea toda la vida social liberando todas sus pulsiones necrofílicas, ahogándola en un río infinito de atrocidades sin fin. “El Dorado” es la muerte, diría hoy día el sabio Rey Midas, después de aprender su lección.
La publicación de la Cronología completa es un logro editorial de trascendencia histórica para las ciencias sociales en América Latina. Es un sueño hecho realidad gracias a las locuras románticas, quixotescas, de Beatriz Torres, fundadora de CAMeNA, y a la administración de una universidad que se atrevió, presumible y comprensiblemente, no sin temor, no sólo a dar la oportunidad para que ocurrieran estas locuras, sino para financiarlas en tiempos de la mayor adversidad y de urgentes necesidades.
Lo único que los seres humanos le pueden heredar a sus descendientes para ayudarles en el futuro a entender su presente en flujo perpetuo heracliteano, y a encontrar formas de vida social menos salvajes y atroces, es el seguir convirtiendo a las pierides en urracas, a seguir desplazando la obscuridad con esclarecimiento histórico, con la ayuda de Memoria y sus hijas, en particular Clío. Esta edición completa de la Cronología de Selser es una contribución mayor a esa herencia.
NOTAS
1- Es necesario alertar y dejar asentado el dato para el registro histórico de que diskettes que contenían un fragmento del Tomo I fueron copiados y su contenido apareció misteriosamente publicado en bruto en versión pirata hecha al vapor, plagado de erratas, en Alemania(¡!) con el título de “Enciclopedia”, obra de cuatro autores: Gregorio Selser, Klaus Meyer, Bruni Höfer y Alvaro Garcia, Enciclopedia de las intervenciones extranjeras en América Latina, Monimbó, e.V., Dietzenbach, 1992: (ISBN: 9783891441350). Muchas bibliotecas estadunidenses y europeas lo adquirieron y aparece en los acervos.
2- Cuadernos del CIIH, Serie Fuentes #12; Gregorio Selser, “Cronología de las intervenciones extranjeras en
América Latina – Tomo I: 1776-1848”, México, D.F., Universidad Autónoma Metropolitana –
Azcapotzalco, Universidad de Guadalajara, Universidad Nacional Autónoma de México (Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades), Universidad Obrera de México, 1994, 392
pp.
3- Cuadernos del CIIH, Serie Fuentes #14; Gregorio Selser, “Cronología de las intervenciones extranjeras
en América Latina – Tomo II: 1849-1898” con introducción de John Saxe-Fernández y prólogo de Sergio
Bagú, México, D.F., Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco, Universidad Nacional
Autónoma de México (Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades),
Universidad Obrera de México, 1997, 393 pp.
4- Gregorio Selser, Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina – Tomo III: 1898-1945, con introducción de John Saxe-Fernández, México, D.F., Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco, Universidad Nacional Autónoma de México (Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades), Universidad Obrera de México.
5- Marta Ventura, al final de la década de los 90, accedió a prestar los originales del cuarto tomo al Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CIIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México. El Tomo IV desapareció; tanto los originales que tan celosamente cuidaba Selser, como los diskettes. Es sólo gracias al respaldo en diskettes que Marta Selser había hecho por precaución, que fue posible, con mucho trabajo, rescatar y reconstruir ese tomo. Sigue abierta la pregunta: ¿Dónde están los papeles originales? ¿Quién se los apropió? Uno o ambos directores de entonces, Pablo González y su sucesor, Daniel Cazes, en su capacidad de titulares del Centro, le deben hasta el día de hoy una explicación a Marta Ventura y al mundo de las ciencias sociales de América Latina. Los originales desaparecidos le pertenecerían ahora a la UACM, específicamente al Archivo Selser-Ventura de CAMeNA.
6- Sergio Bagú: todas las citas son transcripciones de grabación de la presentación del primer tomo de la Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina (1776-1848), Casa Jesús Reyes Heroles, Coyoacán, México, D.F., 23 de mayo de 1995.
México, D.F., 10. Nov. 2010

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libro de Sergio Aguayo sobre masacre en Tlatelolco 1968

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http://www.sergioaguayo.org/biblioteca/1968%20Los%20archivos%20de%20la%20violecia.pdf

Breve texto (francés) sobre EL ESTADO DESMANTELADO

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http://www.monde-diplomatique.fr/IMG/pdf/Introduction_etat_demantele.pdf
Del libro titulado Los mil desmantelamientos del Estado el enlace nos ofrece el prólogo al libro
Muy recomendable lectura,a juicio de los editores de introfilosofia y de arsfilosofo

Gregorio Selser: Las intervenciones extranjeras en América Latina. Lecturas en video

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El gran latinoamericanista Gregorio Selser, nacido en Argentina y fallecido en México en 1991, publicó una extensa obra que abarca más de treinta libros y miles de artículos de análisis periodístico. La relevancia de esta magna obra sólo puede comprobarse si la equiparamos a la obra de personajes históricos de la talla de Martí
En estas páginas vamos a dar lectura y presentar en video partes de su obra póstuma, Las intervenciones extranjeras en América Latina en tres volúmenes, y el cuarto a punto de ser publicado en 2010

Leo Strauss y los amos del Poder en el nuevo orden mundial

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Leo Strauss and the Grand Inquisitor
by Shadia B. Drury

The following article is from Free Inquiry magazine, Volume 24, Number 4.

There is a certain irony in the fact that the chief guru of the neoconservatives is a thinker who regarded religion merely as a political tool intended for the masses but not for the superior few. Leo Strauss, the German Jewish émigré who taught at the University of Chicago almost until his death in 1973, did not dissent from Marx’s view that religion is the opium of the people; but he believed that the people need their opium. He therefore taught that those in power must invent noble lies and pious frauds to keep the people in the stupor for which they are supremely fit.

Not all the neoconservatives have read Strauss. And those who have rarely understand him, for he was a very secretive thinker who expressed his ideas with utmost circumspection. But there is one thing that he made very clear: liberal secular society is untenable. Religion is necessary to provide political society with moral order and stability. Of course, this is a highly questionable claim. History makes it abundantly clear that religion has been a most destabilizing force in politics—a source of conflict, strife, and endless wars. But neoconservatives dogmatically accept the view of religion as a panacea for everything that ails America.

Using religion as a political tool has two equally unsavory consequences. First, when religious beliefs become the guide for public policy, the social virtues of tolerance, freedom, and plurality are undermined, if they are not extinguished altogether. Second, the use of religion as a political tool encourages the cultivation of an elite of liars and frauds who exempt themselves from the rules they apply to the rest of humanity. And this is a recipe for tyranny, not freedom or democracy.

There have always been those who deluded themselves into thinking that they were akin to gods who are entitled to rule over ordinary mortals. But no one has described this mentality more brilliantly than Dostoevsky, when he created the figure of the Grand Inquisitor. In his short story of the same title, Dostoevsky imagined that Jesus has returned to face a decadent and corrupt Church. As head of the Church, the Grand Inquisitor condemns Jesus to death, but not before having a long and interesting conversation with the condemned man. Jesus naively clings to the belief that what man needs above all else is freedom from the oppressive yoke of the Mosaic law, so that he can choose between good and evil freely according to the dictates of his conscience. But the Inquisitor explains to him that truth and freedom are the sources of humanity’s greatest anguish and that people will never be free because “they are weak, vicious, worthless, and rebellious.” He declares that people can be happy only if they surrender their freedom and bow before miracle, mystery, and authority. Only then can people live and die peacefully, “and beyond the grave, they will find nothing but death. But we shall keep the secret, and for their happiness we shall allure them with the reward of heaven and eternity.” The Inquisitor explains that the “deception will be our suffering, for we shall be forced to lie.” But in the end, “they will marvel at us and look on us as gods.”

To say that Strauss’s elitism surpasses that of the Grand Inquisitor is an understatement. Undeniably, there are strong similarities. Like the Grand Inquisitor, Strauss thought that society must be governed by a pious elite (George Bush the second and the Christian fundamentalists who support him fit this role perfectly). Like the Grand Inquisitor, Strauss thought of religion as a pious fraud (something that would alarm the Christian fundamentalists who are allied with the

neoconservatives). And even though Strauss was sympathetic to Judaism, he nevertheless described it as a “heroic delusion” and a “noble dream.” Like the Grand Inquisitor, he thought that it was better for human beings to be victims of this noble delusion than to “wallow” in the “sordid” truth. And like the Grand Inquisitor, Strauss thought that the superior few should shoulder the burden of truth and in so doing, protect humanity from the “terror and hopelessness of life.”

All the similarities between Strauss and the Grand Inquisitor notwithstanding, the Straussian position surpasses the Grand Inquisitor in its delusional elitism as well as in its misanthropy. This shows that while one need not be a religious thinker to be misanthropic, religion is an excellent vehicle for implementing misanthropic policies in public life.

The Grand Inquisitor presents his ruling elite as suffering under the burden of truth for the sake of humanity. So, despite his rejection of Christ, the Grand Inquisitor is modeled on the Christian conception of a suffering God who bears the burden for humanity. In contrast, Strauss represents his ruling elite as pagan gods who are full of laughter. Instead of being grim and mournful like the Grand Inquisitor, they are intoxicated, erotic, and gay. And they are certainly not too concerned about the happiness of mere mortals. They have little pity or compassion for them. On the contrary, the pain, suffering, and tragedies of the mortals provide them with entertainment.

The Trojan wars and similar tragic atrocities were festivals for the gods, intended for their pleasure and amusement. Nietzsche thought that only when suffering is witnessed by gods did it become meaningful and heroic. Soaring high, Strauss discovered that there are no gods to witness human suffering; and finding the job vacant, he recruited his acolytes.

Strauss thought that the best way for ordinary human beings to raise themselves above the beasts is to be utterly devoted to their nation and willing to sacrifice their lives for it. He recommended a rabid nationalism and a militant society modelled on Sparta. He thought that this was the best hope for a nation to be secure against her external enemies as well as the internal threat of decadence, sloth, and pleasure. A policy of perpetual war against a threatening enemy is the best way to ward off political decay. And if the enemy cannot be found, then it must be invented.

For example, Saddam Hussein was an insignificant tyrant in a faraway land without the military power to threaten America. And he wasn’t allied with the Islamic fundamentalists who attacked the World Trade Center in 2001. But the neoconservatives who control the White House managed to inflate the threat to gargantuan proportions and launched the nation into a needless war. Even though they are not hardcore Straussians, neoconservatives share Strauss’s view that wealth, freedom, and prosperity make people soft, pampered, and depraved. And, like Strauss, they think of war as an antidote to moral decadence and depravity. And this should make us wonder if they purposely launched the nation into a needless war because they were convinced of the salutary effects of war as such.

There is a strong asceticism at the heart of the neoconservative ideology that explains why it appeals to the Christian Right. Neoconservatism dovetails nicely with the views that humanity is too wicked to be free; too much pleasure is sinful; and suffering is good because it makes man cry out to God for redemption. With the neoconservatives and the Christian Right in power, Americans can forget about the pursuit of happiness and look forward to perpetual war, death, and catastrophe. And in the midst of all the human carnage and calamity that such policies are bound to bring, the Olympian laughter of the Straussian gods will be heard by those who have ears to hear it. In short, the Straussian elite makes the Grand Inquisitor look compassionate and humane in comparison.

The fact that so many of the most powerful men in America are self-proclaimed disciples of Leo Strauss is rather troublesome. For example, Abram Shulsky, the director of the Office of Special Plans, which was created by Secretary of Defense Donald Rumsfeld, was a student of Strauss. Shulsky was responsible for finding intelligence that would help to make the case for war in Iraq. We know now that the intelligence was false and misleading. Shulsky tells us that he learned from Strauss that “deception is the norm in political life.”10 But deception cannot be the norm in public life without subverting democracy and robbing people of the opportunity to deliberate freely in light of the facts.

Another important Straussian close to the Bush administration is William Kristol, editor of the Weekly Standard and chairman of the Project for the New American Century, in which the neoconservative foreign policy is clearly outlined. Kristol wrote his thesis on Machiavelliæa theorist who was much admired by Strauss for everything except his lack of subtlety. Strauss endorsed Machiavellian tactics in politicsænot just lies and the manipulation of public opinion but every manner of unscrupulous conduct necessary to keep the masses in a state of heightened alert, afraid for their lives and their families and therefore willing to do whatever

was deemed necessary for the security of the nation. For Strauss as for Machiavelli, only the constant threat of a common enemy could save a people from becoming soft, pampered, and depraved. Strauss would have admired the ingenuity of a color code intended to inform Americans of the looming threats and present dangers, which in turn makes them more than willing to trade their liberty for a modicum of security.

Paul Wolfowitz, deputy secretary of defense and assistant to Vice President Dick Cheney, is also a self-proclaimed follower of Strauss. Like many of Strauss’s students, he is animated by a sense of missionæa mission to save America from her secular liberal decadence. And what better solution is there to secular liberal sloth than a war effort? I am inclined to give these powerful students of Strauss the benefit of the doubt by assuming that they have no idea of the sinister depths to which Strauss’s political thought descends. And I think that by revealing aspects of Strauss’s dark philosophy, I may dissuade some of them from following Strauss too blindly into the abyss.

Notes
1. Fyodor Dostoevsky, The Grand Inquisitor with Related Chapters from The Brothers Karamazov, Constance Garnett, trans. (New York: Library of Liberal Arts, 1948). I am very suspicious of this interpretation of the message of Jesus. See my new book, Terror and Civilization: (New York: Palgrave Macmillan, 2004).

2. Ibid., p. 30.

3. Ibid., p. 40.

4. Ibid., p. 31.

5. Ibid., p. 30.

6. Leo Strauss, “Why We Remain Jews: Can Jewish Faith and History Still Speak to Us?” in Leo Strauss: Political Philosopher and Jewish Thinker, Kenneth L. Deutsch and Walter Nicgorski, eds. (Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield, 1994), p. 61.

7. Ibid., p. 61.

8. Leo Strauss, Philosophy And Law: Essays Toward the Understanding of Maimonides and His Predecessors, Fred Baumann, trans. (New York: Jewish Publication Society, 1987), p. 18.

9. Leo Strauss, The Rebirth of Classical Political Rationalism: Essays and Lectures, Thomas L. Pangle, ed. (Chicago: University of Chicago Press, 1989), pp. 107–08.

10. Gary J. Schmitt and Abram N. Shulsky, “Leo Strauss and the World of Intelligence (by Which We Do Not Mean Nous),” in Kenneth L. Deutsch and John A. Murley (eds.), Leo Strauss, the Straussians, and the American Regime (New York: Rowman & Littlefield, 1999), p. 410.

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Shadia B. Drury is Canada Research Chair in Social Justice at the University of Regina, where she is professor of philosophy and political science. Her most recent book is Terror and Civilization: Christianity, Politics, and the Western Psyche (Palgrave MacMillan, 2004).

Derecho Petroleo ExxonTexaco Ecuador Amazonia Globalizaciones

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Los llamados Derechos Humanos tal como la ONU los ha propuesto en su Delaración Universal de 1948 ¿ son compatibles o no con los derechos realmente existentes ? Veamos un caso concreto,el de las comunidades de la región petrolera de Ecuador situada en la Amazonia del Ecuador
El libro que sugerimos para el estudio de la cuestión es de gran interés a mi juicio, para plantear la cuestión de los Derechos Humanos,in medias res, tal y como lo hace un sistema no idealista tal cual lo es el materialismo filosófico

Espíritu de los tiempos Corporaciones y “dem(clepto)o cracia”

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http://dotsub.com/view/7281f5dc-d4b1-4315-abb7-143becd34f49

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