Cronología: intervenciones militares de EE.UU. en América Latina

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Cronología: intervenciones militares de EE.UU. en América Latina.

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Gregorio Selser.Artículo:Argentina,”limpiar servicios”…

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Prensa Latina – México
El Día – México
1-12-83

Argentina: Limpiar “los servicios”, antes que amenazar a la ciudadanía.

Las desafortunadas expresiones del próximo ministro del Interior, doctor Antonio Tróccoli, que incluyeron amenazas contra la presunta futura actuación de lo que designó como “extrema izquierda”, tiene como petición de principio la exigencia de que caracterice apropiada y específicamente a esa ambigua orientación ideológico-política, máxime si le consta, sin haber llegado aún a su alta función pública junto al presidente constitucional Raúl Alfonsín, que aquélla se va a unir “tácticamente” con 105 grupos extremistas de derecha “para perturbar, interferir y desestabilizar” al nuevo gobierno.

Se trata de una afirmación cuya gravedad inocultable demanda todas las precisiones de una denuncia formal y responsable. Lo contrario equivaldría a recurrir a las antiguas artimañas de la desinformación y la mentira abierta o solapada en la que han hozado durante décadas los llamados “servicios de inteligencia” de las fuerzas armadas y de las múltiples policías y organismos de “seguridad del Estado” en Argentina. Si al doctor Tróccoli tiene ya información y pruebas de lo que tácitamente unificó como un haz de conjura entre las izquierda y derecha extremistas, el terrorismo, la pornografía y la droga, su deber, ya mismo, es proporcionar esas pruebas a la justicia para que proceda sin demora contra los complotistas.

Llamarse a silencio después de este desparramo de heces con ventilador, supone de entrada repetir el vituperable juego del que resultaron víctimas pueblo y gobiernos de Argentina en las décadas recientes. Presento como primer testigo de cargo contra esta y clase de juegos de ambigüedades y patrañas a la propia Unión Cívica Radical (UCR), cuyo gobierno, personificado en el doctor Arturo U. Illia fue desestabilizado por la mafia sindical, los militares, los curas y ciertas corporaciones transnacionales en 1966. Mediante esos juegos caballeros de industria y “genios” del periodismo como Jacobo Timerman, en el curso de seis meses, como le consta al doctor Tróccoli, convirtieron a uno de los gobiernos constitucionales más honestos y progresistas de la historia nacional en algo digno de lástima y de risa. La conversión de la imagen hizo posible el vil cuartelazo del general Juan Carlos Ongania, con las consecuencias que se siguen padeciendo hasta el día de hoy.

Puedo presentarme también a mí mismo como testigo de cargo. Durante varios meses, a continuación de ese cuartelazo, investigué los orígenes verdaderos de ese cuartelazo, así como los modos y tretas que utilizaron, para propinarlo, sus principales protagonistas. El resultado de esa investigación se publicó, también durante meses, con el título “El golpe contra Illia”, en la única publicación que en los años 1966 a 1971 hizo oposición frontal a los regímenes militares de Ongania, Levingston y Lanusse: se llamaba Inédito y la financiaba el Comité de la Provincia de la UCR, con la discreta dirección del hoy presidente de la Nación, doctor Raúl Alfonsín. Inédito dejó de publicarse precisamente cuando el doctor Alfonsín perdió, en las elecciones internas del radica1ismo, la conducción de esa parcela partidaria provincial; el sector que se le oponía, del caudillo García Puente, negó toda nueva subvención a la revista y ésta feneció de muerte no natural.

Puedo presentarme como testigo porque esa serie y muchas otras crónicas sobre el régimen de quien derrocó a Illia integraren dos tomos titulados El Onganiato (Samonta Editor, Buenos Aires, 1973) y los ejemplares residuales fueron incinerados por el régimen bestial de Videla y Viola al que insistimos en seguir caracterizando como El septenio infame de la guerra sucia. Otros ejemplares fueron a dar al llamado “Museo de la Subversión” que aún funciona en la guarnición militar de Campo de Mayo, a pesar de que esos libros eran una exaltación del gobierno constitucional de Illia y al propio tiempo una constante execración de los verdaderos subvertidores del orden, la paz y la convivencia nacional: los militares.

Puedo presentarme, otra vez, como testigo, en un episodio en el que el propio doctor Tróccoli intervino en favor de mi libertad, en su condición de diputado nacional. En la segunda quincena de febrero de 1976, al regreso de un viaje al Perú, viaje de terapia recomendado por mi cardiólogo, agentes del Servicio de Informaciones de Estado (SIDE), el organismo de “inteligencia” dependiente del Ministerio del Interior, dispusieron mi “demora” en una celda de la prisión que funciona en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Me hicieron creer que en otras celdas “en algún otro lugar” estaban igualmente presas mi esposa y una hija mía menor de edad. Ezeiza, reténgase el dato, era entonces la zona en la que aparecían desde un año antes, acribillados a balazos, los cuerpos víctimados por organizaciones terroristas semioficiales como la “Triple A” o de los “servicios de inteligencia” militares y policiales que hacían sus ensayos de la que iba a ser poco después la “Guerra Sucia”.

Se me mantuvo incomunicado durante unas dieciocho horas, sin proporcionarme agua ni alimento alguno. No se me tocó un pelo, pero el juego sádico de hacerme suponer que habían sido “desaparecidos” mi esposa y mi hija fue peor que la tortura física. Después, durante una hora, se me sometió a un interrogatorio vejaminoso y humillante, que en verdad sólo se proponía -incluido el juego del policía bueno y el policía malo- hacerme “cantar” si en verdad mi viaje a Lima no había sido sólo una escala hacia La Habana. Sin necesidad de recurrir a mi prisión y al castigo psicológico de la incomunicación, ni a la sádica treta sobre “lo que hacemos en los bosques de Eseisa”, desde el comienzo y/en menos de cinco minutos de plática habrían obtenido la misma respuesta negativa lograda después de su “hábil interrogatorio”, a cuyo término los policías a modo de intimidación disuasiva hicieron una marca en el pasaporte, de cierta connotación siniestra. Mi ilegal prisión no llegó a las 24 horas, y sólo al notificárseme mi libertad se me dijo que mi esposa y mi hija no habían sido detenidas en momento alguno. Al día siguiente me informa de que, entre los muchos que se preocuparon por mi situación y demandaron mi libertad -incluso desde México y Estados Unidos- estuvo el diputado Antonio Tróccoli, hoy ministro del Interior del inminente gobierno de Raúl Alfonsín.

Estos recuerdos tienen ahora vigencia en relación con las declaraciones reproducidas en nuestra crónica de ayer sobre los anuncios hechos por el citado futuro ministro, porque entiendo que hoy más que nunca importa ser claros y precisos en materia de lenguaje de política y de ideología, no menos que de programas de acción y de gobierno. Las anfibologías, ambigüedades, alusiones y medias tintas deben ser de una vez y para siempre desterradas del lenguaje oficial. No basta con que se anuncien modificaciones semánticas como esa de trocar “represión” por “prevención”, si al propio tiempo no se extirpan de raíz todos los instrumentos y herramientas militares y policíacas que dieron tan trágica fama a la Argentina de “El Septenio Infame”. No podrá haber limpieza verdadera, ni cambio posible, especialmente en la moral pública, si no se comienza con la erradicación de los vicios, torcimientos, modos y expresiones criminales, ilegales y anticonstitucionales típicos de los años militares y policiales. Lo cual bien podría llevarnos a ejemplos instaurados a partir del 6 de septiembre de 1930, fecha en la que -y no es tampoco casual- fue derrocado por militares el gobierno constitucional de la UCR presidido por Hipólito Yrigoyen.

Tengo en lo personal, como una buena parte de la ciudadanía argentina, sobradas razones para desconfiar de quienes azuzan fantasmas improbables en lugar de aplicarse a la denuncia -y al compromiso de lucha- contra los reales factores del desastre y el infortunio nacionales. Me molestarían menos los jovencitos rocanrroleros que quizás fuman mariguana, o los adolescentes que pudieran sentirse atraídos por revistas pornográficas, todos ellos pasibles de cambio por educación, que no los irremediables torturadores y asesinos, sádicos y “desaparecedores” que puedan permanecer en los cuadros de oficiales, suboficiales o simples agentes de las fuerzas armadas y de seguridad, so capa de que siguen siendo necesarios para combatir la “subversión” y el “terrorismo”.

Porque no hay peores terroristas y subvertidores del orden democrático y violadores de las leyes e instituciones republicanas, que toda esa hez uniformada o de civil que estuvo al servicio de los siete peores y más envilecidos años de la historia argentina. Bueno sería que el doctor Tróccoli comenzara a hacer a limpieza y claridad en esa dirección…

Gregorio Selser. Artículo: Honduras ocupada…

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Prensa Latina – México
El Día – México
1-8-83

Honduras ocupada: ¿Sabrán los reclutas por qué deberán pelear? Claro que no.

En el libro de memorias Embajador de carrera, de Willard L. Beaulac, figuran no pocas líneas dedicadas a ciertas particularidades de la política hondureña de principios de siglo, y a cómo la idiosincrasia de la población local se ajustaba a las mudables contingencias de los gobiernos civiles y militares. Nada dice de las razones por las que eran frecuentes las guerras civiles, azuzadas como era no sólo por las ambiciones de los caudillos sino porque, para satisfacerlas, las dos empresas bananeras más importantes del país, la United Fruit y la Cuyamel Fruit, proporcionaban dinero y pertrechos bélicos a las distintas facciones.
A Beaulac le tocó asistir a la guerra civil de 1924, en cuyo transcurso desembarcaron los marines en Amapala y se instalaron en Tegucigalpa, capital que estaba sitiada por tropas contrarias al gobierno. A Beaulac le había impresionado la exactitud con que el escritor O. Henry había descripto, en su libro Cabbages and Kings (Coles y reyes), los aspectos satíricos y caricaturescos más notables de su estancia en Honduras, a la que llamaba “Anchuria”. Consideraba que la pintura de O. Henry era acertada, que “era imposible ignorar la comedia” de las revueltas, que “muchos, quizás la mayoría de los hombres que constituían los ejércitos litigantes, no sabían por qué peleaban” y que “muchos murieron por una causa que probablemente creían gloriosa”.
Lo que le tocó observar a Beaulac como vicecónsul en Puerto Castilla resultó estar bastante próximo a la tragicomedia. Anotaría en sus memorias: “Existía una tendencia a ridiculizar las revoluciones centroamericanas”. También registró: “Aunque conocía muy bien la comedia que era inseparable de todo el proceso, me hallaba principalmente consciente de su tragedia”. El aspecto trágico lo enfocó en el incendio de La Ceiba: “Hubo muchas muertes y las pérdidas en propiedades eran muy elevadas y esto sucedía en un país que ya estaba empobrecido y acosado por las deudas, principalmente como resultado de sus primeras guerras civiles […] La historia no era reconfortante”. La parte ridícula o caricaturesca iba anexa al drama. El siguiente es un trozo de su experiencia en Honduras, referente a la composición de los ejércitos locales:
“Muchos peleaban por el placer de luchar […] a muchos le interesaba principalmente, lo que era natural dadas las circunstancias, estar del lado del vencedor; y cuando cambiaba la corriente de la batalla, la deserción hacía el lado más fuerte era casi total. La mayoría de los soldados eran reclutados y no usaban uniforme. Un bando se distinguía del otro por los brazaletes que usaban los soldados. Generalmente, a los soldados no se los conocía como liberales o conservadores sino como Azules y Colorados. No era extraño que un soldado Azul llevara en su bolsillo un brazalete de los Colorados y viceversa, y no vacilaban en cambiárselo cuando llegaba el momento. Puerto Castilla cambió eventualmente de manos mediante el recurso de cambiarse de brazaletes.”
Cuando La Ceiba cayó en manos de los rebeldes -generales Tosta, Ferrera y Carías- se descontó que lo mismo pasaría pronto con Puerto Castilla. Beaulac y el cónsul de Gran Bretaña lograron, con apoyo de la compañía United Fruit, que el representante del gobierno a pactar la rendición, previniéndose a cualquier contingencia bélica en el lugar. Sacaron de la cárcel local a un dirigente revolucionario y se entablaron las pláticas: “Después de alguna discusión, en la que todos asumieron una actitud extraordinariamente acomodaticia, se convino un protocolo para la rendición […] La tropa debería dejar las armas, y aquellos que optaran por la causa revolucionaria estarían en libertad de unirse a ella. Los otros serían dados de baja. Todos los presos políticos serían puestos en libertad.”
Al tiempo que Beaulac llamaba por radiograma un barco de guerra de la Banana Fleet o Flota de las Bananas, el representante del gobierno cumplía la parte que le tocaba del pacto. A poco le informó “que un considerable grupo de soldados se habían negado a entregar las armas y se hallaban dedicados a saquear la ciudad. Primeramente habían irrumpido en una cantina para ‘alcoholizarse’ debidamente. El sonido de los rifles y de los gritos de la tropa rebelde llegaban hasta nosotros […] El comandante revolucionario había tenido poco éxito al tratar de controlar a sus propios partidarios, y mucho menos a esos soldados que se habían negado a entregar sus armas y a los otros elementos desordenados que habían aguardado su oportunidad para dedicarse al saqueo. Grupos de hombres armados, en diversos grados de embriaguez, saqueaban las tiendas y en algunas oportunidades se tiroteaban recíprocamente de una manera desorganizada.”
En medio de ese desorden llegó un buque de la Armada estadunidense: “Ví el panorama más hermoso que jamás hombre alguno tuvo el privilegio de ver. Allí estaba el destroyer norteamericano con la bandera ondulando gallardamente sobre su popa […] La noticia de la llegada del barco había cundido como por arte de magia. El nuevo comandante militar había puesto patrullas en las calles, el pillaje había cesado y era evidente que la crisis había pasado”. Cayó el gobierno después de que medió en el conflicto un enviado especial del presidente Calvin Coolidge, el muy conocido Sumner Welles. Se convirtió en presidente provisional el general Tosta, quien convocó a elecciones y en febrero de 1925 asumió el presidente electo, Miguel Paz Barahona, casualmente perteneciente al mismo bando conservador de los insurgentes, o dicho de un modo más claro, al bando que respaldaba la United Fruit Company en contra de la Cuyamel Fruit Company de Samuel Zemurray.
Todavía iban a producirse nuevos episodios de insurrección, pero esa cruenta guerra civil terminó aquel año. Comenta Beaulac: “La revolución, por supuesto, deja sus consecuencias inevitables de antagonismos y de violencias […] No todos los bandos e individuos aceptaron plenamente la autoridad del gobierno, y a veces era difícil saber en qué lado se hallaba la lealtad de la gente”.
La descripción corresponde a la tercera década de este siglo, pero siguió siendo bastante válida hasta las recientes décadas, hasta que la profesionalización de las fuerzas armadas hizo que los cuartelazos e insurrecciones, que siguieron produciéndose, adquirieran formas más “científicas” y orgánicas.
Sin embargo, la observación esencial de Beaulac acerca de los soldados hondureños sigue siendo básicamente la misma hoy día. Como una prueba de ello proporcionamos por separado la reproducción fotostática de una crónica publicada por el periódico Tiempo de San Pedro Sula, Honduras, fechada el 20 de junio último, donde se describe de qué modo las fuerzas armadas que comanda el general Gustavo Álvarez Martínez recluta por la fuerza a quienes serán los futuros soldados de la patria, y quizás la carne de cañón de que se valdrá Estados Unidos para agredir a Nicaragua.

Gregorio Selser. Artículo periodístico

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Prensa Latina – México
El Día – México
2-4-83

Honduras: “Time” y “Times” coinciden en lo de las bases de somocistas.

El semanario Time, en su edición de fecha antedatada del próximo lunes (George Russell, Bernard Diederich y James Willwert, “Nicaragua’s Elusive War. A guerilla struggle raises charges of covert U. S. involvement”, 4 de abril de l983, pp. 24-25), coincide en lo fundamental con el periódico The New York times Stephen Kinzer, “At a Border Camp in Honduras, Anti-Sandinists Are Ware of Visit”, 28 de marzo de 1983, pp. 1 y 3) en lo de revelar, y sin medias tintas ni referencias ambiguas, en lo que no es un secreto ni en Washington ni en Centroamérica: Honduras continúa siendo -como lo es desde la primera mitad de l982- la base de operaciones y de lanzamiento de mercenarios de distintas nacionalidades, en contra del gobierno revolucionario de Nicaragua.
Tiene mayor ventaja en cuanto al aporte de datos específicos la crónica de Stephen Kinzer, despachada el 27 de marzo desde Matasano, Honduras, enriquecida con un mapa ad hoc:
“Nicaragüenses descriptos como insurgentes que combaten para a derrocar al gobierno sandinista de Managua parecen estar operando desde un campamento situado en los montes cercanos a este caserío próximo a la frontera. El campamento, hacia el cual un reportero fue conducido el sábado (26 de marzo) por resientes locales, está en la provincia (departamento) de El Paraíso, aproximadamente a una milla de un polvoriento camino que corre desde la fronteriza población de Cifuentes hasta la principal ciudad de la región, Danlí. Está ubicada a unas ocho millas de la frontera con Nicaragua si uno hace el recorrido a pie, de acuerdo con los que residen en las cercanías.
“La base está conformada por más de una docena de grandes tiendas de campaña, instalada cerca de una cabaña de adobe repleta de cajas de madera sin abrir, indicadoras de que su contenido es el de armas fabricadas en Estados Unidos. De acuerdo con los rótulos en inglés que ostentan las cajas, su contenido incluye granadas de fragmentación y proyectiles de morteros. La ubicación de la base es conocida por algunos soldados hondureños en el área, la que parece estar operando con su aquiescencia.
“Honduras ha negado repetidamente la existencia de tales campamentos. En una declaración de la semana pasada el Gobierno afirmó: ‘Es absolutamente falso que guerrillas antisandinistas tengan bases en Honduras o que hayan usado su territorio para lanzar ataques contra el. régimen del vecino país’. En la misma declaración, Honduras reiteró su oferta de ‘someterse a una supervisión internacional seria y abierta para demostrar que en su territorio no hay bandas armadas o facciones hostiles a cualquier país o gobierno’.
“Sin embargo, dos soldados hondureños estacionados en las cercanías, afirmaron que ellos y sus camaradas compartían ‘un sentimiento de fraternidad’ con la gente del campamento, a la que describieron como insurgentes antisandinistas, por lo que en consecuencia les ayudaban a obtener comida y otros elementos. Añadieron que ignoraban desde cuándo estaba en operaciones el campamento, pero dijeron que ya existía cuando fueron asignados al área, en diciembre (de 1982).
“Interrogado la semana pasada respecto de las acusaciones nicaragüenses de que los Estados Unidos respaldaban la lucha insurgente para derrocar al gobierno sandinista, el embajador John D. Negroponte respondió: ‘No voy a hacer comentarios sobre historias hipotéticas respecto de acusaciones de que nosotros estamos involucrados de alguna manera con los antisandinístas’. Mr. Negroponte no estaba hoy disponible para ser consultado, pero el subjefe de la misión diplomática, Shepard Lowman, dijo que él no estaba ‘en condiciones de prestarle ayuda en esa materia’. Tampoco estuvieron disponibles funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Honduras.
“Para llegar hasta el campamento desde el camino, los visitantes deben abrir un claro en la espesura y cruzar un campo donde pasta el ganado. De acuerdo con los soldados y vecinos, ese campo es de propiedad de una compañía mantequillera hondureña. Al caer la noche, el sábado, nuestro automóvil que marchaba hacia el campamento fue detenido por un guardia uniformado que portaba un rifle Ak-47 (de fabricación rusa, un arma standard fácilmente comprable en el mercado negro, del mismo modo que ciertas armas estadunidenses. Después de que el guardia fue persuadido de permitir el paso del coche, pudimos ingresar en el campamento.
“Unos quince hombres y una mujer en uniforme, junto con varios hombres y mujeres en prendas civiles, vagaban en los cercanías de la barraca que sirve como depósito de provisiones del campamento. Portaban una variedad de armas automáticas. En la entrada un arma lanzagranadas M-79 fabricada en Estados Unidos estaba apoyado sobre algunas cajas cerradas que indicaban, en idioma inglés, que contenían proyectiles de morteros.
“Los hombres fueron reacios a responder preguntas, alegando que su jefe no estaba en la base y que se había ido por una semana como mínimo. Preguntados por su nacionalidad, uno de ellos dijo: ‘Somos todos nicaragüenses’. Dijeron que no habían participado en la revolución sandinista de 1979, ni en favor de ésta ni como miembros de la Guardia Nacional que comandaba Anastasio Somoza Debayle, quien fuera después asesinado en Paraguay.
“Dentro de la barraca de adobe, se apilaban a lo alto cajas ce madera. De acuerdo con sus etiquetas, muchas de las cajas contenían 30 granadas de fragmentación cada una. Otras estaban marcadas como conteniendo proyectiles para morteros M-2 ó M_l9. Más de una docena de amplias tiendas de campaña estaban ubicadas en la vecindad. Soldados hondureños familiarizados con la región dijeron haber visitado la base en momentos en que más de 100 insurgentes acampaban en ella. El campo tiene una antena de radio y está equipado con un generador de electricidad. Los hombres se rehusaron a dar sus nombres o a revelar de dónde procedían sus equipos, armas y municiones.
“El domingo por lo mañana (27 de marzo) un reportero y un fotógrafo procuraron entrar de nuevo al campamento. En cuanto emprendieron el viaje fueron detenidos por un grupo hostil de ocho personas, tres de ellas armadas con armas automáticas y una con insignias de ‘capitán’. Ellos recriminaron a los visitantes por hallarse en el lugar y exigieron saber sus motivos. ‘Esta es un área totalmente restringida’ -dijo el hombre que parecía el capitán mientras que los otros junto a él esgrimían nerviosamente sus rifles. ‘Ustedes no deben volver jamás por este camino’. Preguntado sobre cuándo regresaría el comandante, el hombre respondió: ‘No hay ningún comandante. Aquí no hay nada’.
“Dicen los soldados hondureños de la región que han oído hablar de por lo menos otro campamento además de ese en el que estábamos, pero estaban inseguros acerca de su ubicación precisa. Agregaron que otros campamentos que funcionaron anteriormente en la zona habían desaparecido, y especularon que los hombre que los combatiendo habían ocupado se hallaban ahora combatiendo en Nicaragua.
“Refugiados nicaragüenses que combatieron en Nicaragua y se radicaron en ciudades cercanas dijeron no haber visto insurgentes antisandinistas desde que llegaron a Honduras y que no sabían de la existencia de bases insurgentes dentro de Honduras. Pero refugiados que fueron entrevistados en campos de las ciudades de Danlí y Jacaleapa, hablaron con admiración de los rebeldes que combaten en Nicaragua. “La crónica de Kinzer en el New York Times tiene, además de un mapa ilustrativo de la zona de Honduras que visitaron, una fotografía de Ken Singleton que le muestra platicando con soldados que les impidieron regresar al campamento. Sus datos, así como las referencias que en la misma semana proveyó el semanario Time, son una prueba más de la existencia de tales campamentos que no son de refugiados sino bases de comunicación y aprovisionamiento de los mercenarios que operan ya dentro de Nicaragua, con financiamiento público de la CIA y protección vergonzante del gobierno y las fuerzas armadas de Honduras.

IMPRESCINDIBLE CONSULTA Y ESTUDIO. Gregorio Selser: su obra sobre intervenciones extranjeras en América Latina en versión completa IV Tomos y un Vol V en DVD

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Como podemos ver en esta presentación, el tomo IV de esta magna y esencial obra de Gregorio Selser fue “perdido” de un modo muy misterioso y aún sin explicar motivos.Casualmente es en este Tomo IV donde se puede estudiar las intervenciones extranjeras en América Latina en el período histórico más cercano a nosotros: desde 1945 hasta 1990
De cualquier modo, lo que importa es el logro de las personas que dedicaron todos los esfuerzos quijotescos, como los define Stephan Hasam, a rescatar y editar estos materiales que son uno más de los frutos de la labor infatigable y muy rigurosa de Gregorio Selser y su compañera y colaboradora Marta Ventura. Selser, desde su magna obra, es por lo tanto uno de los referentes cruciales para el trabajo de superación social y política, humana, de los millones de hispanoemaricanos que han sufrido mil y una formas de subyugaciones, pero que han sido y siguen siendo , desde su enorme fortaleza como pueblos, capaces de ir superando todas las voraces y viles mezquindades que como dice Hasam, desde fuera y desde dentro, lo han intentado tantas veces. Pueblos que hoy en día siguen viviendo la incansable lucha por la libertad como un hecho cada vez más firme aunque con mucho esfuerzo pendiente de consolidar en el terreno político Y ECONÓMICO
Presentación de la Cronología de las intervenciones extranjeras de Gregorio Selser (UACM, 10 de noviembre de 2010)
Por Stephan A. Hasam
I.
Han transcurrido ya más de cuatro lustros desde que, durante los últimos meses de vida de Gregorio Selser, la socióloga María Novoa comenzara a transcribir a diskette los miles y miles de fichas de una obra, concebida en cuatro tomos, cuyo título definitivo su autor todavía no definía con exactitud. El entonces director del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades (CIIH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Pablo González, había acordado mediante contrato que su Centro proporcionara y colocara una herramienta modernísima en la vivienda de Selser, una flamante computadora de escritorio, y que financiara la trascripción de toda la obra. Selser había puesto como condición que los originales no salieran de casa; éstos los había rescatado Marta Ventura de su apartamento en Argentina en un viaje que realizó desde México, no exento de peligro, en plena dictadura de Jorge Rafael Videla.
Durante años Selser había intentado sin éxito interesar a alguna instancia que estuviera en condiciones de poder financiar, transcribir y publicar esta, su voluminosa obra mayor, en la que había trabajado durante más de treinta años. El pintor Oswaldo Guayasamín, convencido de la importancia de la obra, había ofrecido ilustrar la portada. Quizás fue el impacto causado por el bombardeo high-tech e guerra relámpago estadunidenses contra Panamá el 20 de diciembre de 1989 lo que finalmente ayudaría a empujar la balanza a favor de capturar y, eventualmente, a publicar esa obra.
Después de su muerte, el trabajo de captura de todas las fichas prosiguió bajo la supervisión de Marta Ventura, profesora de artes plásticas, compañera y colaboradora de toda la vida de Selser; la bibliotecaria y creadora del archivo hemerográfico del duo Selser-Ventura, ahora en el Centro de Memoria de Nuestra América Latina (CAMeNA), de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), conformado por más de dos millones de recortes, (todo hecho con navajas de rasurar recicladas después de las afeitadas y unas tijeras), ahora todos digitalizados para consulta en línea.
Para revisar la captura de las fichas, Marta Ventura aprendió a usar una computadora, obsequio de Carlos Payán, entonces director del diario La Jornada, convirtiéndose en una abuelita cibernética. Cuando la máquina ya no resistió el duro ritmo y la carga de trabajo a los que era sometida por Marta Ventura, Raquel Sosa, profesora-investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, le obsequió una nueva, más potente. Durante aproximadamente tres lustros, siete días a la semana, pese a problemas de salud, Marta Ventura se ocupó de la supervisión y captura de absolutamente toda la obra periodística y ensayística de Selser; cerca de cien mil folios tiposcritos, ayudada por estudiantes de servicio social de la UNAM y de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de Azcapotzalco y de Xochimilco. Pendiente queda la revisión de todo ese material capturado, así como la captura de los más de treinta libros publicados, hoy casi todos rarezas bibliográficas, y varios inéditos; entre éstos, Honduras, república alquilada, vol. II y Los otros militares.
El siguiente paso fue encontrar financiamiento y a quien estuviera dispuesto a publicar esa enorme obra (1) en proceso de captura. En particular Adriana Lombardo y Luis Monter de la Universidad Obrera de México asumieron esa búsqueda de manera extraordinariamente intensa. En la co edición del primer tomo (1994) (2), participaron el CIIH de la UNAM, la Universidad Obrera de México, la UAM-Azcapotzalco, y la Universidad de Guadalajara. Tres años después, en el segundo tomo (1997) (3), ya no participó la Universidad de Guadalajara. (Estos dos tomos aparecieron como cuadernos.) Cuatro años después, del tercer tomo (2001) (4) se retiró la UAM-Azcapotzalco. Ante las abrumadoras dificultades editoriales y económicas, fueron los propios trabajadores de la Universidad Obrera de México y el editor Luis Monter, convencidos de la relevancia histórica de la obra que, en recuerdo solidario del “Maestro Selser”, acordaron armar y publicar ese tercer tomo con sus propias manos.
Conseguir y juntar los tres tomos existentes hasta ahora es una tarea casi imposible. Su distribución es inexistente. Dos tomos están agotados y ninguno cuenta con un índice onomástico funcional. La búsqueda de una referencia en esa enorme obra es imposible, sin antes saber la fecha. Adicionalmente, quedó más que evidente que los tres tomos pioneros estaban en urgente necesidad de una revisión minuciosa, integral, idónea, auxiliada por las nuevas herramientas cibernéticas e Internet, disponibles hoy para búsqueda y cotejo de datos, fechas, lugares y nombres. Además, la publicación de la obra completa había quedado truncada, pues faltaba el cuarto tomo.
Plantear en las actuales circunstancias la publicación completa de los cuatro tomos era algo descabellado; que fuera hecha por una universidad pública naciente, estrangulada económicamente por los ataques feroces contra la educación, salud y seguridad públicas, era una locura imposible.
El poeta León Felipe, exiliado en México, escribió alguna vez que en España faltaban locos (como Don Quixote), que todo mundo estaba terriblemente cuerdo, refiriéndose a la vida social en el nacional-catolicismo y fascismo españoles. Este plantel de la UACM es la sede, al menos de dos locuras quixotescas hechas realidad vertiginosamente: CAMeNA-Archivo Selser-Ventura, consultable en línea y conformado según estándares internacionales, y la edición y publicación de la obra completa Cronología de las intervenciones extranjeras (1776-1990) de Gregorio Selser en cuatro tomos. Pero hay dos pequeñas sorpresas más: la publicación de la obra completa en un DVD (Tomo V), lo que permite la consulta y búsqueda electrónicas de cualquier dato y la puesta en venta de este tomo a bajo costo, accesible a un público interesado inmensamente amplio, incluyendo al estudiantado.
II.
Poco antes de morir, Selser ponderaba finalmente qué título ponerle a la obra que rebasa límites y no cabe estrictamente en género alguno. Era a primera vista una cronología, pero a la vez una enciclopedia. Era una enciclopedia, pero ordenada cronológicamente. Pero era algo más, pues contenía reflexiones, síntesis y contextualizaciones que no corresponden comúnmente ni a una cronología, ni a una enciclopedia. Finalmente Selser había optado por un título fácilmente aprehensible y que, en un primer plano, caracteriza la obra: Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina (1776-1990).
Está dividida en cuatro periodos históricos: desde la fundación de Estados Unidos en 1776 a la guerra contra México de 1848 (Tomo I); de 1849 a la guerra contra España de 1898 (Tomo II); de 1899 al fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 (Tomo III); de 1946, creación del orden imperial de la posguerra, hasta el fin de la Guerra Fría y la invasión contra Panamá de diciembre de 1990 (Tomo IV).
El autor dejó el Tomo IV inconcluso al morir. Ana María Sacristán y Guillermo Fernández, editora e historiador respectivamente de CAMeNA, ahora los mayores conocedores de esta obra, asumieron la desafiante tarea de rescatar y reconstruir los archivos del tomo IV que habían sido capturados años atrás, (cuyos originales siguen desaparecidos hasta el día de hoy (5) ), limpiarlos de basura cibernética y ordenarlos cronológicamente. Después, ambos investigadores se sumergieron en los tres tomos anteriores, los estudiaron a fondo, los revisaron palabra por palabra, corrigieron infinidad de erratas, elaboraron un índice exhaustivo y se adentraron en la lógica y espíritu del autor, para finalmente volver al Tomo IV y emprender su edición en sintonía con los anteriores, pero dejándolo como su autor lo dejó: incompleto.
Esta voluminosa obra sobre América Latina, cuyo leitmotiv son las intervenciones extra continentales y de Estados Unidos desde el día en que nació esta potencia hasta Blitzkrieg contra Panamá el 20 de diciembre de 1989, es única, no sólo por su alcance, sino por su originalidad. Ninguna persona estudiosa de la política internacional hemisférica podrá prescindir de ella por su riqueza enciclopédica, por la manera en que ordena y contextualiza los datos y documentos in extenso reproducidos. Es una obra de consulta invaluable, imprescindible y, a la vez, mucho más que eso: es el museo de las intervenciones extranjeras en América Latina construido paciente y meticulosamente por Selser durante más de treinta años; un museo que esclarece e invita a descubrir y rememorar, y en cada nueva visita a configurar una nueva comprensión, revisión y reinterpretación de los datos, acontecimientos históricos y su interconexión.
Al presentar el Tomo I de la Cronología póstuma de Selser en 1995, Sergio Bagú dijo que era “lo que podríamos llamar una obra magistral” que “quedará como una obra monumental de referencia; una especie de reconstrucción metódica y precisa de la ‘columna vertebral’ de la historia de los pueblos latinoamericanos […] Una obra cuyo valor histórico y cuya proyección en la formación de una conciencia continental son verdaderamente excepcionales (6) ”.
“Lo que quiso Gregorio Selser –acotó Bagú– fue reconstruir un hilo histórico que transcurre a lo largo de más de dos siglos, durante los cuales los países latinoamericanos han debido soportar la intervención directa de potencias extra continentales, europeas, y de Estados Unidos.” En la Cronología de Selser, aseveró Bagú, “está el germen preciso de una historia global de los países latinoamericanos, cuyo nexo de unión está dado en este caso por las invasiones. Aquí América Latina se presenta como una unidad […] como un conjunto de países que tienen algún nexo subterráneo muy estrecho, y una historia que tiene rasgos comunes fundamentales.”
Bagú se preguntó, “¿cómo pudo ser afrontada una obra de esta magnitud por un solo autor? Normalmente esto es una tarea de conjunto, de varios autores, de institutos completos.” Fue posible, contestó, porque Selser contaba con “un orden mental muy riguroso […] orden que tiene que estar apoyado por un archivo que uno llamaría perfecto. Sin ese archivo perfecto de los datos, este intento de cronología se podría haber transformado en un verdadero caos, porque es bastante aventurado querer reconstruir la historia de tantos países latinoamericanos desde el punto de vista de las intervenciones extranjeras a lo largo de más de un siglo, siglo y medio, dos siglos.”
Todos los libros de Selser, sustentados en una cantidad colosal de datos desenterrados por él, buscaban esclarecer el pasado y un presente, en perpetuo flujo e imposible de atrapar, para incidir en el futuro, proporcionando herramientas esclarecedoras a una lucha social emancipadora, sustentada en los derechos humanos universales. Era un proceso dinámico de análisis permanente en al menos dos planos:
1. Sólo al esclarecer el pasado (investigación histórica) era posible echar luz sobre las raíces del devenir del presente. En otras palabras, el conocimiento histórico ilustrado era la premisa sine qua non para intentar esclarecer cualquier acontecimiento en el presente. Cada evento de este acontecer que Selser tomaba para su nota periodística diaria era previamente seleccionado con ojo de historiador, y era ubicado con precisión en su contexto histórico allí mismo, en una nota periodística, o en algún ensayo.
2. Simultáneamente, ante el caos masivo del flujo de los eventos cotidianos, Selser en su función de periodista seleccionaba, identificaba, documentaba y elaboraba aquellos que, desde la perspectiva de colocarse él en la óptica de un historiador viviendo muchas décadas a futuro, pudiera encontrar relevante que hubieran quedado en el registro histórico por su relevancia esclarecedora.
Mnemósyne (Memoria) es la madre de las musas; entre ellas, Clío. Sin ellas la vida social retorna al estado salvaje. En contra de Memoria y sus hijas civilizadoras aparecieron las musas falsas, las piérides, hijas de Pieros, quienes con su canto obscurecían todo y acabaron convertidas en urracas. La negación de la memoria y del esclarecimiento conduce a una época obscura y de obscurantismo, al salvajismo.
El esclarecimiento que Selser perseguía a través de sus libros y de sus notas periodísticas diarias esclarecía y, por lo tanto, socavaba el manejo obscuro y manipulativo de interpretación de los acontecimientos cotidianos y de la historia por parte de las urracas: los medios masivos de difusión y la historiografía hegemónica obscurecedora, respectivamente, que apuntalaban –y siguen apuntalando– al imperialismo proveniente desde fuera y el interno, el hispanoamericano, consumado por los conquistadores medieval-tridentistas, de cruz y espada, y sus descendientes; el imperialismo guiado por desgnio de la Providencia y el “conquistismo” mariano con su compulsión irrefrenable de voracidad subyugadora—los dos brazos asimétricos de una pinza de salvajismo depredador insaciable en dinámica interacción (hasta hoy), que permea toda la vida social liberando todas sus pulsiones necrofílicas, ahogándola en un río infinito de atrocidades sin fin. “El Dorado” es la muerte, diría hoy día el sabio Rey Midas, después de aprender su lección.
La publicación de la Cronología completa es un logro editorial de trascendencia histórica para las ciencias sociales en América Latina. Es un sueño hecho realidad gracias a las locuras románticas, quixotescas, de Beatriz Torres, fundadora de CAMeNA, y a la administración de una universidad que se atrevió, presumible y comprensiblemente, no sin temor, no sólo a dar la oportunidad para que ocurrieran estas locuras, sino para financiarlas en tiempos de la mayor adversidad y de urgentes necesidades.
Lo único que los seres humanos le pueden heredar a sus descendientes para ayudarles en el futuro a entender su presente en flujo perpetuo heracliteano, y a encontrar formas de vida social menos salvajes y atroces, es el seguir convirtiendo a las pierides en urracas, a seguir desplazando la obscuridad con esclarecimiento histórico, con la ayuda de Memoria y sus hijas, en particular Clío. Esta edición completa de la Cronología de Selser es una contribución mayor a esa herencia.
NOTAS
1- Es necesario alertar y dejar asentado el dato para el registro histórico de que diskettes que contenían un fragmento del Tomo I fueron copiados y su contenido apareció misteriosamente publicado en bruto en versión pirata hecha al vapor, plagado de erratas, en Alemania(¡!) con el título de “Enciclopedia”, obra de cuatro autores: Gregorio Selser, Klaus Meyer, Bruni Höfer y Alvaro Garcia, Enciclopedia de las intervenciones extranjeras en América Latina, Monimbó, e.V., Dietzenbach, 1992: (ISBN: 9783891441350). Muchas bibliotecas estadunidenses y europeas lo adquirieron y aparece en los acervos.
2- Cuadernos del CIIH, Serie Fuentes #12; Gregorio Selser, “Cronología de las intervenciones extranjeras en
América Latina – Tomo I: 1776-1848”, México, D.F., Universidad Autónoma Metropolitana –
Azcapotzalco, Universidad de Guadalajara, Universidad Nacional Autónoma de México (Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades), Universidad Obrera de México, 1994, 392
pp.
3- Cuadernos del CIIH, Serie Fuentes #14; Gregorio Selser, “Cronología de las intervenciones extranjeras
en América Latina – Tomo II: 1849-1898” con introducción de John Saxe-Fernández y prólogo de Sergio
Bagú, México, D.F., Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco, Universidad Nacional
Autónoma de México (Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades),
Universidad Obrera de México, 1997, 393 pp.
4- Gregorio Selser, Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina – Tomo III: 1898-1945, con introducción de John Saxe-Fernández, México, D.F., Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco, Universidad Nacional Autónoma de México (Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades), Universidad Obrera de México.
5- Marta Ventura, al final de la década de los 90, accedió a prestar los originales del cuarto tomo al Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CIIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México. El Tomo IV desapareció; tanto los originales que tan celosamente cuidaba Selser, como los diskettes. Es sólo gracias al respaldo en diskettes que Marta Selser había hecho por precaución, que fue posible, con mucho trabajo, rescatar y reconstruir ese tomo. Sigue abierta la pregunta: ¿Dónde están los papeles originales? ¿Quién se los apropió? Uno o ambos directores de entonces, Pablo González y su sucesor, Daniel Cazes, en su capacidad de titulares del Centro, le deben hasta el día de hoy una explicación a Marta Ventura y al mundo de las ciencias sociales de América Latina. Los originales desaparecidos le pertenecerían ahora a la UACM, específicamente al Archivo Selser-Ventura de CAMeNA.
6- Sergio Bagú: todas las citas son transcripciones de grabación de la presentación del primer tomo de la Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina (1776-1848), Casa Jesús Reyes Heroles, Coyoacán, México, D.F., 23 de mayo de 1995.
México, D.F., 10. Nov. 2010

Gregorio Selser: Las intervenciones extranjeras en América Latina. Lecturas en video

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El gran latinoamericanista Gregorio Selser, nacido en Argentina y fallecido en México en 1991, publicó una extensa obra que abarca más de treinta libros y miles de artículos de análisis periodístico. La relevancia de esta magna obra sólo puede comprobarse si la equiparamos a la obra de personajes históricos de la talla de Martí
En estas páginas vamos a dar lectura y presentar en video partes de su obra póstuma, Las intervenciones extranjeras en América Latina en tres volúmenes, y el cuarto a punto de ser publicado en 2010